Porcentaje. Bajó de 22,4% a 20,9%; también hay 13.162 indigentes menos.
La pobreza y la indigencia disminuyeron en 2009 frente al año anterior. Según el Instituto Nacional de Estadística 47.736 personas superaron el umbral de pobreza y 13.162 dejaron atrás la indigencia. Pese a ello, aumentó la desigualdad.
Las últimas estimaciones de pobreza publicadas ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE), muestran una reducción de la incidencia de la pobreza y la indigencia en 2009 con respecto a 2008.
En efecto, en su estudio "Estimaciones de Pobreza por el Método del Ingreso - 2009", el instituto informó que el porcentaje de pobres para el total del país en 2009 alcanzó al 20,9% de la población. Es decir, hacia fines del año pasado, 699.092 personas se encontraban por debajo de la línea de pobreza y, por lo tanto, se consideraban incapaces de cubrir sus necesidades básicas. Esta cifra significa una disminución de 1,5 puntos porcentuales -equivalente a 47.736 personas- respecto al valor de 2008.
La incidencia de la indigencia -esto es cuando no se pueden cubrir las necesidades alimenticias- también cayó, pasando de 2% en 2008 a 1,6% en 2009. La caída significó que 13.162 salieron de una situación de pobreza extrema. De todas formas aún hay 53.519 en la indigencia.
localidades. Al analizar la incidencia de la pobreza según regiones geográficas, se observa que la mejora fue más significativa en el interior que en la capital. En efecto, mientras el indicador descendió 1,1 puntos porcentuales en Montevideo, en el interior urbano la caída fue de 1,6 puntos y en las localidades con menos de 5.000 habitantes fue de 4,5 puntos. De esta forma, el porcentaje de personas pobres alcanzó a 24%, 19% y 25,4% en cada una de estas tres regiones respectivamente. En el interior rural el porcentaje de pobres en 2009 fue significativamente menor que en el resto de las localidades (9,6%). En este caso la baja con respecto a 2008 fue de tan solo 0,1 puntos porcentuales.
La misma tendencia se verifica al analizar la disminución de la indigencias, la cual llegó a 0,7 puntos en Montevideo, 1,2 en el interior urbano y 1,8 puntos tanto en localidades pequeñas como en el interior rural.
Edades. Los niños y adolescentes son quienes se encuentran peor en términos relativos, situación que es más grave en Montevideo que en otras regiones. Así, si consideramos los grupos de edades menores a 18 años, la incidencia de la pobreza es superior al 31% en todos los casos (en Montevideo, llega a ser superior a 38%). Se destaca el caso de los niños menores de seis años: 37,8% de los mismos eran pobres en 2009. En la capital esta cifra alcanza el 44%.
A partir de los 18 años de edad, la incidencia de la pobreza comienza a disminuir, probablemente debido a la incorporación de las personas en esta franja etárea al mercado de trabajo. Para el total del país, la incidencia de la pobreza en el grupo de 18 a 64 años es de 17,5%. Los mayores de 65 son quienes se encuentran mejor posicionados en términos relativos, al ser la incidencia de la pobreza 7,4% en este grupo.
La incidencia de la pobreza extrema es también significativamente mayor en niños y adolescentes, especialmente en los más chicos, con un 4% de los menores de seis años por debajo de la línea de indigencia.
desigualdad. La brecha de pobreza, que mide qué tan lejos está un hogar pobre de salir de tal situación, alcanzó 11,2%. Esto quiere decir que, en promedio para el total del país, el ingreso de los hogares pobres debería aumentar en dicha proporción para superar el umbral de pobreza.
Por otra parte, si bien hubo una mejora en los indicadores de pobreza e indigencia, se observa un empeoramiento en la distribución del ingreso en 2009 respecto a 2008 (medida por el índice de Gini). Lo anterior, se confirma al verificar que el mayor crecimiento de ingresos entre 2008 y 2009 se dio en el 10% más rico de la población.
Desempleo entre los indigentes es de 25,1%
El informe también estudia el desempeño de los principales indicadores del mercado de trabajo para la población en situación de pobreza y de indigencia, y los compara con los indicadores a nivel de la población general, de forma de analizar si existe algún patrón diferencial entre ambos grupos.
Como era de esperarse, se concluye que la situación laboral de pobres e indigentes es relativamente peor a la del promedio de la población. Además, la diferencia es más pronunciada para las personas en situación de pobreza extrema.
La explicación se puede encontrar, al menos en parte, en los menores niveles de educación de aquellas personas de menores ingresos que los hace acceder a trabajos menos calificados y, por ende, peor pagos.
En efecto, la tasa de desocupación para la población bajo la línea de indigencia más que triplica la de la población total (25,1% versus 7,3%).
En este caso, la diferencia es más acentuada en el interior del país, donde la tasa de desempleo total es de 7,1%, mientras que si se mide para las personas en situación de indigencia, el indicador llega a 30,3%.
No solamente la capacidad de inserción en el mercado labora es peor para aquellos en situación de pobreza y pobreza extrema, sino que también la calidad del empleo al que pueden acceder es, por lo general, peor que el promedio.
Por ejemplo, para las personas en situación de indigencia, el empleo con restricciones afecta a la mayoría de los ocupados (alcanzando el 91% del total), mientras que para el promedio de la población esta relación es de 34,7%. |